Hemos caminado como si nos persiguiesen al pasar por la estación más cercana a la salida del túnel, seguros de que nos observaban de nuevo, como en el viaje de ida, ojos curiosos y desconocidos. Sin registrar, evidentemente, en los papeles de Matías.
¿Por qué volvemos a la estación? ¿Por qué no seguir hacia delante? No tengo demasiado claras las respuestas, pero lo cierto es que no ha hecho falta ninguna palabra para saber que teníamos que volver cuanto antes.
No sé cuánto camino llevábamos desandado cuando David II se ha adelantado y se ha situado delante del prisionero, cortándole el paso y deteniendo la marcha del grupo. He intentado ver la reacción de Pau, pero estaba como absorto, como si el tema no fuese con él.
-Ahora me vas a decir por qué –ha exigido David.
El hombre se ha girado lentamente hacia nosotros, como buscando una explicación que no teníamos, pero que tampoco pensábamos darle. Sólo entonces me he fijado en sus facciones, en su barba descuidada, en su pelo negro y sucio, que le caía sobre la cara en mechones apelmazados.
-Estoy, aquí, cabrón, deja a esos dos –ha insistido.
Después de pensarlo unos segundos, y cuando se disponía a hablar, David II le ha lanzado un puñetazo al centro de la cara que creo que nos ha sorprendido a los cuatro. Sin embargo, un instante después, nuestro compañero estaba inclinado sobre el cuerpo dolorido que había conseguido llevar al suelo.
-Desde ahí, hijo de puta, me vas a decir lo que quiero saber. Por qué nos disparáis, cuántos sois, cuántos grupos armados y organizados hay y qué méritos vais a hacer para que no os mate yo mismo a todos.
Al lanzarle una patada en la cara, cuando de nuevo intentaba responder, he hecho un leve amago para intervenir, pero no ha sido necesario que nadie me dijese que me estaba equivocando.
-No era nada personal, tío, sólo queríamos… la ciudad para nosotros. Éramos cuatro, así que ahora sólo quedo yo. No hay más bandas ni nada parecido, sólo nosotros. Por favor, no me mates, no me mates.
Lo ha dicho en un golpe de voz, temiendo una nueva patada antes de que pudiese pronunciar palabra.
-¿La ciudad para vosotros? ¿Qué cojones de ciudad? ¿A estos edificios en ruinas le llamas ciudad? ¿Para vosotros? ¿Pero qué coño quiere decir para vosotros? Joder…
Parecía que David II iba a abalanzarse contra él en cualquier momento, pero de repente he comprendido que ése nunca iba a ser el siguiente paso. Me he dado cuenta de que estábamos en el lugar indicado cuando Pau se ha movido a mi lado y le ha quitado el seguro a su pistola. Se ha acercado a David II y éste se ha hecho a un lado. Los dos han mirado de frente al prisionero, sentado ahora en el suelo.
Con el fogonazo del disparo se ha iluminado la verja del pozo a nuestra izquierda.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario