Estoy eufórico. Ni siquiera había pensado en el sexo desde el desastre, pero recordar a Claudia desnuda me pone de buen humor al instante. Sonrío como un pardillo y la busco a hurtadillas con la mirada por el andén. Ojalá tuviese a mano a alguno de mis antiguos colegas para contárselo. De hecho, ojalá tuviese a alguno de mis antiguos colegas. Así, a secas, que simplemente estuviese aquí.Por supuesto, el sueño recurrente sigue ahí, pero hoy me ha costado mucho menos quitármelo de la cabeza. No hay nadie más aquí abajo mientras escribo estas líneas. Todo está en calma desde que se marcharon los informadores y vamos aprendiendo a convivir con lo que tenemos, que, de todas maneras, no es poco. Hay comida en abundancia; somos muy pocos y podemos encontrar con relativa facilidad latas de conserva, arroz, pasta o legumbres. Quizá, cuando vuelva el buen tiempo, deberemos pensar en cultivar frutas o verduras o buscar algún animal al que le apetezca convivir con nosotros. Alguno que nos ofrezca huevos o leche, quiero decir. Y carne, por supuesto. Encender un fuego no es tampoco problema; sobra la madera y tenemos todos los mecheros y cerillas que queramos. No, Matías, no estamos en la Edad Media. Agua también hay para todos. Mineral, además, embotellada en sus garrafas originales. Las tenemos apiladas en las vías para que no estorben demasiado.
El agua nos sirve para beber, cocinar y lavarnos. La calentamos para ducharnos en el pequeño servicio que hay detrás de la taquilla y que, suponemos, debió ser el que usaban los empleados. Tiene un lavamanos, un retrete con puerta y una ducha abierta. Todo intacto; una suerte.
No tenemos luz eléctrica, pero tenemos velas, linternas, faroles y pilas.
Pilas, nuestras grandes salvadoras. Hay alguna radio e incluso pudimos rescatar en perfecto estado un reproductor mp3. Seguimos buscando un ordenador que funcione, a ver qué podemos hacer con él. Durante las guardias, dependiendo del ánimo, buscamos en todas las frecuencias de radio algún mensaje, algún ruido que nos indique que hay alguien emitiendo. Hasta la fecha, sólo niebla.
También encontramos, claro, armas. Reconozco que no sé demasiado acerca de ellas e intento alejarme lo más posible. Pau me contó que encontraron varias pistolas y munición desperdigadas por el suelo, cerca de lo que se supone que fue una comisaría. No lo sé, la verdad, no es un tema que me interese demasiado.
Por fin ha llegado Rubén, el primero en volver. Ha comenzado a hablarme desde el otro andén, pero al principio no le he prestado demasiada atención. Con visible gesto de enfado, ha bajado a las vías y ha cruzado para decirme que todavía no sabía de quién se trataba, pero Miquel le acababa de decir en la entrada que una mujer y un niño del grupo acaban de morir tiroteados.
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