sábado, 14 de febrero de 2009

XV. Héroes de papel

Di mi opinión entre Miquel y Rosa y fui casi tan escueto como lo fueron ellos. No sabemos casi nada sobre nada y así es muy difícil hacer planes a corto o medio plazo. La situación ideal hubiese sido poder permanecer más tiempo en la estación para poder conocer mejor a qué nos enfrentamos, cuáles son nuestras amenazas y si podemos combatirlas. Pero la situación es la que es y no podemos controlarla. Si a esos cabrones que han tenido la misma jodida suerte que nosotros de sobrevivir se les ocurre dispararnos, para mí sólo quedan dos opciones: marcharnos o hacerles frente. Si nos quedamos y sólo tratamos de defendernos tenemos las de perder en cada envite. Y odio perder cuando hay vidas en juego.

Así que opté por marcharnos. Luego, después de que hablase todo el mundo, vi claro que hay que hacerlo con cabeza, tal como expuso Clara. Tras un buen rato de discusiones sobre cuáles eran las opciones, todos, pese a que David I no lo acababa de tener claro, convenimos que debíamos permanecer juntos y que la mayoría tendría que decidir.

Dentro de un rato vamos a votar por marcharnos o quedarnos. Cuando una de las dos opciones gane, decidiremos cómo hacerlo. Ahora tenemos nuestros minutos de reflexión, que estoy utilizando para recordar mi tarde con Claudia, a quien tengo recostada en mi regazo. Para que no podamos tratar de convencernos los unos a los otros fuera de la asamblea, también decidimos no hablar hasta después de la votación. Los niños están en el andén de enfrente jugando con unas tizas, pero Irene no puede dejar de sollozar. Ha perdido a su compañera de juegos y ahora se siente desplazada del grupo de los chicos y del de los adultos. Rosa está con ella y trata de calmarla. Le cuenta un cuento, pero los lobos, las madrastras y los monstruos dan mucho menos miedo que lo que pasa aquí y ahora, así que los héroes del papel se convierten en confeti.

Y yo, en mi cuento de todos los días, de todas las noches, sigo esperando a RQ.

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