He dudado por un momento, pero al dejar de oír sus pasos en la escalera he echado a correr detrás de ellos. Una vez arriba, los he alcanzado a diez metros de la salida, mientras consultaban un mapa.
-Perdonad… -he dicho sin resuello.
-Si estás pensando en venir con nosotros, olvídate. –ha contestado enseguida Matías, de forma tajante pero amable.- Este viaje, amigo, no admite más pasajeros.
-No, no quiero acompañaros. Tengo una pregunta.
-El tiempo de las preguntas pasó ahí abajo, amigo, y no hubo ninguna.
-Son tus últimas palabras las que han despertado mi curiosidad.
Los tres me han mirado; Matías con una media sonrisa dibujada en la cara, Martina con su habitual porte de agresividad y Sele, medio escondido detrás de ambos, con absoluta desconfianza. Por un momento se me ha pasado la idea de explicarles mis sueños, cómo todo me conduce a esas dos letras. Sin embargo, siguiendo los propios consejos de Matías, he preferido guardarme esa información. Nunca sabes cuándo se te puede volver en tu contra.
-¿Sabéis algo más de esa persona que dicen que puede estar en la superficie por las noches? –he preguntado a bocajarro- ¿RQ?
Matías ha dado un paso hacia mí y ha mirado hacia el cielo, entornando levemente los ojos para protegerlos del sol.
-Escucha, no son más que bobadas. Leyendas, como ya te he dicho. No hay posibilidad de contrastar nada, por eso florecen todo tipo de fábulas. Estamos de nuevo en la Edad Media, amigo. ¿Quieres creerlo? Adelante, pero no te va a servir de nada.
Durante unos segundos, los cuatro hemos permanecido quietos, en silencio, como si esperásemos algún acontecimiento cercano. Luego, he dado yo un paso hacia el grupo.
-Pero, ¿y si fuese verdad? ¿Y si hubiese alguien así?
Sele ha salido, timorato, de detrás de Martina.
-Y… y… ¿y entonces? ¿Para… para qué nos serviría? ¿En qué nos iba a ayudar que pueda pasearse por aquí fuera por las noches?
-Sele tiene razón, -ha intervenido Matías- es época de egoísmos y de mirar hacia otro lado. Deberías saberlo. No pretendo que me hagas caso, entiéndeme, no soy ningún sabio. Mira, yo vendía electrodomésticos en unos grandes almacenes. Acabas conociendo cómo piensa cada persona, cuál es la necesidad de cada cual. Y, ¿sabes?, por mi propio egoísmo, que era el de todos, llevaba las necesidades de los clientes a donde a mí me parecía. No quiero hacerlo más. Ahora no quiero que lo hagan con nadie.
-¿Su nombre es RQ? -he insistido.
Matías ha resoplado de falsa desesperación, porque parecía divertido con mi pregunta.
-Así es o eso dicen: RQ. Si lo encuentras, avísame y te presentaré mis disculpas.
Cuando se han marchado calle arriba mi cerebro caminaba en dos direcciones opuestas. Sin embargo, al bajar de nuevo las escaleras de la estación me he sorprendido en un cristal riéndome. Entonces ya tenía la respuesta; si la casualidad más increíble me había mantenido con vida hasta entonces, se me antojaba imposible que se estuviesen dando tantas coincidencias para que al final RQ fuese sólo un invento.
Por supuesto, lo más probable es que lo sea.
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